La tensión se había ido acumulando durante semanas en el torneo CLF, y cuando Wendy y Allie finalmente se encontraron cara a cara, no había vuelta atrás. Ambas habían superado a duras oponentes, llevando a este encuentro no solo ambición, sino algo más personal. Wendy, serena pero implacable, entró con la mirada fija, mientras que Allie desplegó una energía explosiva, decidida a demostrar que merecía estar en la cima. En cuanto comenzó el combate, se engancharon al instante, negándose a ceder ni un ápice; sus movimientos eran precisos, calculados e impulsados por una competitividad pura. La lucha se convirtió rápidamente en una partida de ajedrez física, con el control cambiando de manos constantemente mientras cada una intentaba superar a la otra. La técnica y la paciencia de Wendy chocaban con la intensidad y la agresividad de Allie, creando una batalla constante de ida y vuelta que mantenía el impulso impredecible. Cada agarre se apretaba, cada escape se ganaba, y cada segundo en ese espacio se sentía como una declaración de quién merecía avanzar. Esto no era un simple combate de torneo… era un choque de orgullo, habilidad y el ansia de superar a los demás.