Lo que comenzó como una simple sesión de entrenamiento se convirtió rápidamente en una batalla de orgullo cuando Lisa y Miranda discutieron sobre quién había liderado al equipo en los últimos combates. Ninguna estaba dispuesta a ceder, así que subieron al tatami para resolverlo a la antigua usanza. Miranda, vestida de rojo, rebosaba confianza e intentó superar a su oponente desde el principio, pero Lisa respondió con una presión implacable y una serie de dolorosas llaves. La lucha se convirtió en una partida de ajedrez de resistencia: tijeras se cerraban con fuerza alrededor de las cinturas, llaves de piernas en figura cuatro retorcían las piernas doloridas y llaves de cabeza aplastantes obligaban a cada luchadora a esforzarse al máximo para escapar. Sus cuerpos rodaban por el tatami, sin que ninguna cediera ni un centímetro, cada una decidida a demostrar que era la competidora superior. El orgullo, la terquedad y el puro espíritu competitivo alimentan este intenso encuentro, donde cada llave acerca a una a la victoria y a la otra a la derrota.