Luna y Lisa suben al ring tras semanas de discutir sobre quién puede controlar realmente un combate cuando las reglas empiezan a desaparecer; Luna llega decidida a demostrar que la experiencia y la falta de escrúpulos pueden ser más efectivas que jugar limpio. Lisa, vestida de azul claro, acepta el desafío con confianza, pero pronto descubre que Luna no tiene intención alguna de ofrecerle un combate limpio. Desde el forcejeo inicial, Luna toma el control y mantiene a Lisa bajo presión constante, utilizando repetidamente piquetes a los ojos para desbaratar su defensa antes de atraparla de nuevo con dolorosos ganchos en la boca. Cada vez que Lisa intenta recuperarse o ganar algo de distancia, Luna encuentra la manera de frenar su impulso y devolver el combate a su propio terreno. Lisa se niega a rendirse y sigue buscando una oportunidad para darle la vuelta a la situación, pero Luna se muestra implacable, combinando tácticas sucias con un dominio calculado para mantener a su oponente frustrada y superada. Lo que debía zanjar una simple rivalidad se convierte en una dura lección para Lisa: contra Luna, sobrevivir al combate implica estar preparada para enfrentarse a una rival dispuesta a saltarse cualquier regla con tal de ganar.